
Esta ocasión y debido a la respuesta de los sextores, les toca a las niñas y uno que otro niño el saber, cuales son los botones correctos que deben pulsar para hacernos perder la cabeza en todos los sentidos, al menos ya tendrán una buena excusa para justificar su experiencia sexual, a pesar de que lo que le hagan a sus novios y parejas sexuales no sea debido a mis sabios consejos, pero que caray, échenme a mí la culpa.
Primero que nada, quiero expresarles una cosa, los hombres somos unos fáciles, nos prendemos en cuestión de segundos, solo basta una pequeña chispa para despertar al animal que llevamos dentro; desde el punto de vista de la psicología, la mujer es, por mucho, el más interesante y complejo de los sexos, por lo que se afirma que somos “de flojera” porque no somos tan sexualmente complicados como lo son las mujeres; cabe recordar aquella cómica escena en la película “American Pie” en donde una exquisita mujer extranjera seduce al protagonista de la película, haciéndolo culminar antes de siquiera poder tocarla. En fin, de nuevo reitero que todos somos distintos y no siempre reaccionamos de la misma manera a los estímulos que se nos proporcionan; si, aunque no lo crean no somos una maquina que necesita un instructivo (jale aquí, muerda acá, apriete allá, junte a cuyá) pero lamento decirlo amigos míos, somos bastante predecibles y he aquí la verdad cruda de nuestros deseos masculinos.
Para empezar, recordemos que el hombre es casi 100% visual, basta con que observes la actitud de uno de tus compañeros, que ya sea, descarada o discretamente voltea a ver a algún ejemplar que le resultó de su a grado, desnudándola de arriba hacia abajo, hasta los huesos casi, es por eso que es básico que lo seduzcas por medio de la vista, usa súper ultra mega micro mini faldas, al borde del “triangulito”, aprende a manipular un buen tubo, hazlo tu amigo, camina sexy, ponte guapa y cachonda, él te lo agradecerá. Empezando de arriba hacia abajo (en cuanto anatomía me refiero, no posición sexual) está el cabello, resulta muy relajante y estimulante que pases tus dedos por el cuero cabelludo, muy suavemente, dirígete ahora a lo que son las orejas y el cuello, masajea, aprieta suavemente solo una cosa, recuerda que no somos una bola de cristal, así que no juegues con nuestra cabeza como si fueras una pitonisa anunciándose en la televisión. Puedes decir cosas cerca del oído, como si se tratara de un suspiro, verás que tu chico se estremecerá y hasta los ojitos va a cerrar.
Un buen beso es agradecido por todos, puedes hacerlo de

manera suave cual colegiala (o niño estudioso) virginal o bien un beso apasionado como toda(o) un(a) perversa(a) fuera de control, solo no lo ahogues con tu lengua ¿ok? Ni le dejes la cara toda mojada, de saliva cabe recalcar, pues puede resultar anti erótico y no creo que sea lo que buscas. El cuello es un buen lugar para hacerlo sentir cosquillitas, puedes morderlo, acariciarlo, solo que trata de no dejarle huellas, contrólate, a menos que te lo pida, pero en caso de que no sea buena idea un chupetón marca lepra, tienes un sin número de lugares donde hacerlo, en aquellos lugares donde el sol no llega y donde la espalda pierde su inocente nombre, tómalo con calma.
Debido a que muchas de los “botones a pulsar” son un tanto similares a los ya mencionados en la edición de “Mapamundi Femenino” y como seguramente notarás que algo comienza a despertar entre las piernas de tu amante, pasaré a cosas más interesantes, lo que habían estado esperando, esa parte que causa tanta polémica en el mundo exterior, pero gran revuelo en la intimidad. Me refiero al ya tan querido por todos nosotros, nuestro mejor amigo y compañero de fiesta, aquel que pareciera mandarnos y manipularnos a merced a pesar de no tener cerebro y poseer una cabeza, me refiero queridos sextores, al pene. Un detalle básico que les puedo compartir es: jamás le digas a un hombre que tiene un “amiguito” muy simpático, nooo, al contrario, hazlo sentir todo un toro, una maquina de sexo, una gran máquina, sabes a lo que me refiero, aunque la realidad sea otra, nos preocupamos tanto por el tamaño de nuestros penes que a veces olvidamos lo que realmente importa, y un comentario puede que hagas herir el corazoncito de tu bocadillo.
Una de las áreas más sensibles es el frenillo del pene, aquel pliegue que hace que nuestro glande y tronco estén unidos, en la parte inferior del mismo, también está la corona del pene que es aquella que rodea la cabeza del mismo, así que

atrévete, el sexo oral puede resultar muy placentero siempre y cuando se haga con mucha higiene; puedes dar unos cuantos lengüetazos que harán vibrar a tu amante. Puedes ser una estrella pop y utilizarlo como micrófono, puedes ser una intrépida velocista y utilizarlo como palanca de velocidades, puedes ser un(a) dulce niño(a) perdido (a) en la más grande tienda de dulces, el único límite es la imaginación. Si no te gusta el sexo oral, piensa en esto, será muy divertido ver a tu compañero con los ojos en blanco y por un momento lo tendrás en tu poder. Usa tu ingenio, usa limón, usa chocolate, usa mermelada, en fin, el sabor que más te plazca y verás que lo harás más divertido e interactivo, solo, por amor de Dios, no hagas jugo de naranja sobre él, puede resultar muy incomodo, tanto al hacerlo como al que lo tomará.
Los testículos, las joyas de la familia, la escolta, son altamente sensibles, así que son susceptibles a los estímulos, por lo que debes ser muy cuidadosa (o) al momento de manipularlos, chuparlos, exprimirlos, columpiarte, aferrarte, etc.
Así que, la próxima vez que estés con tu chavo, recuerda ser toda una maniaca descabellada, pero también no olvides que tenemos nuestro corazoncito y por muy pose de macho que nos demos, también nos gustan los cariñitos y la ternura. ¡¡¡Adelante tigra!!!