A continuación les comparto un escrito que fue actividad para mi clase de cine, es acerca de sentirte atrapado y observado, por mucho que trates de huir: 
Era un día frio, seco, de ese que cala los huesos, no había nadie más cerca de ella. Claro que para ese momento ella no lo sabía. Ella se acerca por las vías del tren, yo me mantenía quieto al lado de esas vías más frías, incluso que el día, más secas que ese momento de dolo en que me baje del tren… Esperando por ella, pero eso tampoco lo sabía aun…
Ella era una joven blanca, de cabello obscuro como las intensiones que me invadían, grandes ojos negros escoltados por largas pestañas, largas como mi espera que parecía una eternidad. Su paso era constante, como si una extraña fuerza la impulsara sin que ella pudiera reparar siquiera. No me cansé de seguirla, mi ansiedad y excitación eran más grandes que aquel desgaste que mi cuerpo sufría antes de ver semejante ejemplar. La joven caminaba más aprisa, cargando una pequeña canasta cubierta por un trapo blanco como la nieve, no se imaginaba que en unos instantes mi cuerpo la convertiría en mujer y liberaría su alma en un instante.
No se si mi mirada era tan penetrante que por un momento sentí que ella ya sabía que alguien la seguía y que disfrutaba de hacerme escurrir cual animal nocturno en busca de una presa, silencioso, camaleónico, expectante. Eso hizo que una oleada de placer recorriera toda mi espalda y tensara mis músculos que provocó que por una fracción de segundo me quedara estático. Sin previo aviso, ella tropieza con una insolente vía del tren, provocando que se raspara su fino rostro y derramara el contenido de la canasta en el piso. Casi sincronizado me escondí tras el vagón de un viejo tren, desgastado por el aniquilante paso del tiempo. Vi como entre sollozos, la hermosa mujer trataba de aliviar con sus delgadas manos sus raspones, tomando el trapo blanco entre sus dedos; sentí dolor, sentí impotencia, sentí unas inmensas ganas de acabar con el sufrimiento de aquella solitaria persona, así que decidí salir de mi escondite y acercarme a pasos firmes hacia ella…

Era un día frio, seco, de ese que cala los huesos, no había nadie más cerca de ella. Claro que para ese momento ella no lo sabía. Ella se acerca por las vías del tren, yo me mantenía quieto al lado de esas vías más frías, incluso que el día, más secas que ese momento de dolo en que me baje del tren… Esperando por ella, pero eso tampoco lo sabía aun…
Ella era una joven blanca, de cabello obscuro como las intensiones que me invadían, grandes ojos negros escoltados por largas pestañas, largas como mi espera que parecía una eternidad. Su paso era constante, como si una extraña fuerza la impulsara sin que ella pudiera reparar siquiera. No me cansé de seguirla, mi ansiedad y excitación eran más grandes que aquel desgaste que mi cuerpo sufría antes de ver semejante ejemplar. La joven caminaba más aprisa, cargando una pequeña canasta cubierta por un trapo blanco como la nieve, no se imaginaba que en unos instantes mi cuerpo la convertiría en mujer y liberaría su alma en un instante.
No se si mi mirada era tan penetrante que por un momento sentí que ella ya sabía que alguien la seguía y que disfrutaba de hacerme escurrir cual animal nocturno en busca de una presa, silencioso, camaleónico, expectante. Eso hizo que una oleada de placer recorriera toda mi espalda y tensara mis músculos que provocó que por una fracción de segundo me quedara estático. Sin previo aviso, ella tropieza con una insolente vía del tren, provocando que se raspara su fino rostro y derramara el contenido de la canasta en el piso. Casi sincronizado me escondí tras el vagón de un viejo tren, desgastado por el aniquilante paso del tiempo. Vi como entre sollozos, la hermosa mujer trataba de aliviar con sus delgadas manos sus raspones, tomando el trapo blanco entre sus dedos; sentí dolor, sentí impotencia, sentí unas inmensas ganas de acabar con el sufrimiento de aquella solitaria persona, así que decidí salir de mi escondite y acercarme a pasos firmes hacia ella…



No hay comentarios.:
Publicar un comentario