La palabra sexualidad, a parte de causar miedo, terror, pena, cercanía a Dios (por todas aquellas personas que corren por sus rosarios), es una de las actividades más primitivas y gratificantes del ser humano, somos de los pocos afortunados que tenemos sexo por placer, al igual que los delfines, de ahí en fuera, el reino animal está repleto e infestado de seres que se montan uno sobre otros sin otro propósito que seguir su instinto. Pero tal vez me estoy desviando del termino primario y estoy cayendo en lo que usted, mi querido lector, conoce como roce genital, en otras ocasiones no es específicamente un roce; en fin, la sexualidad es más que eso, es una serie olores, sabores, comportamientos, personalidades, formas de enfrentar la vida, perspectivas, formas, colores y actividades que están desde nuestros más remotos días, nuestra más tierna infancia donde todo era inocencia lampiña perfecta, donde no nos preocupábamos por cortejar a otros, donde no confundíamos al sexo con la sexualidad por que apenas nos descubríamos a nosotros mismos.El amor aquí no tiene relación directa con el sexo, no, puede catalogarse como parte esencial sino como un elemento más de este espectáculo donde el cortejo sale a relucir. Todos nosotros poseemos sentimientos, actitudes, decisiones, convicciones y definiciones en materia sexual, pero no sin antes resaltar que cada uno experimenta su sexualidad de manera distinta, o dígame usted, ¿a poco le da “vuelo a la hilacha” de la misma forma que su vecino? No lo creo, aunque puede haber el caso, pero generalmente las perspectivas son distintas y las experiencias personales y publicas nos van formando en este ámbito.
Nuestro interés por el sexo es indiscutible, una cosa es que no nos guste saber que está ahí, presente, latente, ardiente; y otra cosa muy distinta es ser una piruja (respetable oficio) esquinera al momento de apagar las luces e internar nuestras carnosidades en la oscuridad, esto no es malo, pues no se a que inteligente persona, de seguro una persona reprimida y sin ilusiones candentes en su vida, satanizar el sexo y meter en la mente de las personas, patrañas que más tarde se convertirían en las bases de la moral y la religión.
La sexualidad no tiene por que ser algo del demonio, es una de las experiencias más cotidianas y divertidas, que se tienen que disfrutar plenamente. Aunque no lo queramos, el sexo y el dinero hacen girar a todo el mundo, pues nunca puede faltar y lo que todos salen a buscar de alguna u otra forma.



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