miércoles, 23 de mayo de 2007

C-xoneria: Por que no es lo mismo ir que venir...

Por ahí dicen que el sexo mueve montañas, que es el aceite que hace al mundo girar, pero, ¿para qué buscamos sexo? ¿Qué es lo que de verdad nos atrae de estar con una persona y sudarse unos a otros, o simplemente “autoconsentirnos”? Parece que todos le debemos una disculpa a este personaje, que todos olvidamos mencionarlo pero que siempre está presente allí y que hace la cuestión del sexo mucho más interesante. Estamos hablando de nuestro querido amigo, con el que todos quieren llevarse, el orgasmo.
Esta respuesta sexual es una sensación extremadamente placentera que generalmente marca la culminación de nuestras travesuras. Algunos afirman que es como un abandonar por unos segundos nuestro propio cuerpo y sentir que no existe tiempo ni espacio, eso explica los ojitos en blanco ¿no lo creen? Durante el orgasmo se siente que todo se pierde y todo se gana, que la virgen te habla, que no hay nada más que esa agradable sensación que recorre cada centímetro de nuestro cuerpo.

Tanto es el revuelo que esto causa, que ha sido censurado, condenado y casi perseguido por algunos que creen o creían que esto era cosa demoníaca, pero afortunadamente vivimos en el siglo XXI y se han hecho extensos estudios acerca de este fenómeno. Se han diferenciado 4 fases del arte de “venir”: excitación, meseta, orgasmo y resolución. La excitación es una de las más fáciles para los caballeros, pues basta con tener la visión de un cuerpo desnudo, una caricia, una mirada, etc., en cambio, una mujer es más difícil que “caliente motores”, y con ellas hay que utilizar métodos más extensos, como ya lo habíamos comentado con anterioridad (checa columnas anteriores) y no solo basta con tener la visión de un cuerpo desnudo o algo parecido, necesita caricias, palabras, cariños... bueno, la lista puede ser infinita en ambos casos.

Durante ésta excitación, los hombres experimentamos el crecimiento de nuestra arma más querida, el pene, que se agranda y endurece y hasta palpita. En las mujeres la vagina se lubrica y la vulva se hincha. En caso de que hayamos tenido suerte y nos haya tocado un buen amante, si la excitación sigue aumentado se pasa a la fase de meseta. Es aquí donde la respiración se vuelve más acelerada (como la de aquel borrachito que te escucha mientras hablas), las pulsaciones son bastante altas y todos los efectos de la excitación aumentan, nuestro cuerpo se sensibiliza. Se produce lo que se llama rubor sexual que no es más que un enrojecimiento sobre todo del pecho y la cara, los músculos se tensan, como preparándose para recibir acción. Es común que al final de esta fase, osea, cerca del orgasmo, se tenga la sensación de no poder más, de sentir que vas a entregar cuentas al creador, ese cosquilleo que ya no puede parar que se puede de traducir de tres maneras:

Me vengo
Me voy
¡Chin, no otra vez!

Durante el orgasmo, nuestro pulso y la respiración llegan a la máxima frecuencia e intensidad, se produce una gran tensión muscular y contracciones en la zona ano-genital, nuestro asterisco también quiere participar, ¿por qué no? El orgasmo está erróneamente relacionado con la eyaculación, sin que deba ser una regla inamovible. En la mujer también se puede dar, en algunos casos, un orgasmo líquido, con una eyaculación muy parecida a la del hombre, aunque es más común que el cuerpo reaccione de otras maneras, como la erección de pezones, pupilas dilatadas, ojos en blanco…

Si la excitación es interrumpida cruelmente antes de llegar al orgasmo y este no se produce, puede traer molestias no muy gratas como lo son dolor en los “gumaros” o testículos y en la mujer una congestión en la zona genital, parecida a un cólico.
Pero me estoy viendo muy científico en todo este caso, la respuesta física es solo uno de los temas, está además la respuesta emocional si es conveniente, donde la gente reacciona de forma muy variada, que va desde gritos, llanto o risas hasta un abrazo, una caricia, un gracias ¿cuánto te debo? Este clímax puede llegar a depender tanto de cómo te sientas en ese momento, que puedes llegar a sentir más de 2 en una sola sesión de luchitas corporales.
Es por eso amigos sextores, que los invito a dibujar una sonrisa en la cara de tu pareja o en tu cara ¿por qué no? Recuerda, siempre con responsabilidad y pensando con la cabeza de arriba y no la de abajo. Así que manos a la obra y como ya lo dijo mi querido José Alfredo Jiménez: “lo que en verdad importa no es llegar primero, sino saber llegar”…

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