viernes, 25 de mayo de 2007

La levadura de México

Recientemente he leído el artículo ganador del premio Nacional de Periodismo 2006, perteneciente a Sabina Berman, donde hace un profundo análisis a la trayectoria del ahora presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe Calderón Hinojosa y de paso una biografía del Partido Acción Nacional en los escenarios de la política mexicana. El artículo titulado “Felipe Calderón, las tribulaciones de la fe” es un excelente modo de conocer quién es te personaje, que en algún momento se considero en desventaja ante sus contrincantes, debido a su aparente carácter seco y ultra derecha y de un momento a otro, llega a ser, contra la marea y en medio de la tempestad, el primer mandatario de nuestro colorido país.

Felipe Calderón, comenzó desde muy joven a incursionar en el mundo de la política del país, en la fracción del PAN, antes minoría y en una situación de gran desventaja frente al ahora senil Partido Revolucionario Institucional, vivió una adolescencia llena de impulsos por abrirse puertas, con la llama que sus padres, también panistas, encendieron en su alma. Católico de rosario pesado, defensor de sus ideales y de una madurez sobresaliente en contraste con su corta edad, fue un joven al que siempre le gustaron los retos y los retadores, desobedeciendo a su padrino de política Carlos Castillo Peraza, fue en contra de muchas adversidades para poder llegar al lugar en el que ahora se encuentra.

Una de sus más grandes distinciones fue el de ser el más joven en las cosas y puestos que desempeñaba: el más joven de su familia, el más joven presidente del PAN y el más joven entre los aspirantes a la presidencia de México; esto lo puso en ventaja y en ocasiones en desventaja, pues mientras en un momento era la esperanza, la representación de la juventud en el partido era también el que por ser pequeño (en cuanto edad) no poseía experiencia, no se confiaba en él y peor aún, el joven más viejo entre los muchos que se encuentran en Acción Nacional, por que digo esto, no es que el señor se esté cayendo a pedazos, ni su aspecto sea el de un viejecito al que tienen que licuarle un poco de cereal para que lo pueda deglutir; me refiero a la vejez en su mente, a pesar de ser “actual” poseía (y a la fecha posee) una formación a la antigüita como muchos de los personajes de su edad, pero peor aún, en una muy privada opinión, una educación fervientemente católica, con esto no estoy insultando a la religión, ni mucho menos, solo que muchas personas basan su manera de actuar y su forma de pensar en proverbios pasados de moda y eso si es un tanto criticable. En fin, Calderón siempre se ha distinguido por su inflexibilidad ante lo que va en contra de las virtudes católicas, esto hace que sea un tanto conservador y hasta intolerante ante situaciones que en el naciente siglo XXI, ya no se pueden ocultar ni dejar en las penumbras, temas como el aborto, los métodos anticonceptivos, la homosexualidad, el uso de condón, la píldora del día siguiente, etc., por Dios, cuantos problemas pueden causar los genitales, pregúntenle al padrino político de Felipin, que perdió la oportunidad de ser jefe de gobierno del Estado de México por criticar el uso del condón, pero lo más gracioso, el desesperado intento por reivindicar este grave error (tomando en cuenta que el mundo se encontraba viviendo el boom del SIDA) diciendo cuanta sarta de tonterías se le pudo ocurrir a él y a su equipo de campaña, que se malinterpretaron sus palabras, que el condón no era malo, sino la forma de desecharlo; que el condón tapaba los caños, que el condón dotaba al pene de poderes descomunales (este último de mi cosecha), cuanta cosa se les venía a la mente en su agonizante descenso de las escaleras que llevaban a la jefatura de la ciudad más complicada del país.

Esta terrible pero chusca situación, le sirvió a Calderón de lección y ahora tendría más cuidado al momento de emitir un juicio crítico ante millones de personas, analizando cada una de las palabras que decía. Aun así, el camino lo llevó a la “casa del jabonero” y estuvo a punto de echar a perder el moderado despegue de su carrera al darle una entrevista estilo ping-pong al “teacher”, Joaquín López Doriga, donde varias pelotitas le sacaron más de un chipote, haciéndolo perder el voto juvenil (mayoría en nuestro país) cuando en un discurso de “no no no” se mostro en contra de la píldora del día siguiente, el aborto, la unión entre personas del mismo sexo, la eutanasia y la pena de muerte. Con la cara “sangrante”, cual ave Fénix renace de entre las cenizas, pero ahora con ayuda de su más poderoso contrincante, Andrés Manuel López Obrador, quien para ese momento era el indiscutible próximo presidente de México.

En un principio, Felipillo manejaba los ideales de un PAN mejor, donde el empleo reinaría en cada esquina del país, la seguridad brillaría cual piso recién pulido y los mexicanos vivirían en una nación mejor, esto le costó la admiración y respeto de 2 o 3 por ahí, pero nada significativo en las encuestas que demostraban a López Obrador en la cima de la preferencia de las personas, así que tuvo que hacerle como muchos nuevos “artistas”, que no tienen otra opción que entrarle a los “guamazos” para poder acceder a la fama. Así que este caso no fue la excepción y a raíz de un insulto que recibió en un meeting, este compañero se defendió y en las noticias, sale, a nivel nacional, para diversión del pueblo, el pleito de lavadero de quinto patio siguió creciendo, hasta el punto en el que ni siquiera tenía que salir su imagen en spots, solo bastaba con mostrar a Obrador como un mounstro al que se tenía que detener para no llevar a la quiebra el país. ¿Y qué creen mis amados blogtores? Pues sí, ganó, de una manera u otra, ganó, de la manera que sea, ahí anda el señor, con su bandita presidencial, viviendo en los pinos, donde las calles están pavimentadas.

Tal vez esta contienda no se hizo con las manos tan limpias como presumía en su campaña, pero hay que esperar, para ver qué es lo que logra, ahora que pudo brincar del otro lado de la barda (y no me refiero a la que están construyendo en la frontera con Estados Unidos) y reclamarle las promesas que hizo en campaña, promesas que se vean convertidas en toda una realidad y lo más importante, recordarle que los mexicanos ya no somos aquella sociedad conservadora, sino un país en plena adolescencia que necesita ser adaptado a un mundo que día a día se globaliza más y más…

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